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Cuando el narrador se transforma en una cámara

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Issac Rosa en uno de sus últimos libros, La Habitación Oscura, presenta a un narrador que en algunos pasajes maneja la acción dramática como si fuera un proyector.  Lo hace como si lo llevara en la mano y el objetivo en el ojo, mostrando sólo lo que quiere mostrar y cómo lo desea hacer. La escena se circunscribe, se limita y el aparato logra acercar la imagen y asimismo se da el gusto de retroceder. Con ello el autor sintetiza la historia por medio de imágenes de alto impacto sensorial justamente para lograr que el movimiento de la escena, por ejemplo, sea rápido y descompensado.

(…)la frente se amplía, los ojos se entierran, los labios se afinan, las mejillas se aflojan, manchas de vida en la piel, surcos que tiran de la boca hacia abajo, y si abrimos el plano vemos nuestros desplazamientos cada vez más lentos, ese correr sin detenerse que va perdiendo fuerza, más despacio aunque más ansioso, y hacia dónde: no vemos nada, no hay paisaje, ni siquiera suelo, somos figuras avanzando por un enorme espacio en blanco, como un croma sobre el que insertar el futuro. 

Esta forma de narrar está estrechamente ligada a las técnicas cinematográficas que comenzaron a usarse en la narrativa en el siglo XX. No es extraño señalar a estas alturas que las diferentes disciplinas artísticas se nutren entre sí para lograr campos semióticos más amplios con el fin de acercarse de una manera distinta o real a la realidad. Si este último concepto genera suspicacias lo podemos describir de otro modo, sin embargo, llegamos al mismo punto. La narrativa como género, en el más amplio de los sentidos, busca mostrar realidades y para ello se nutre de recursos de otras artes. Nos preguntamos, por ejemplo, cómo la música puede imponerse al texto para generar un determinado ritmo en la prosa o cómo la fotografía puede aportar matices a la elaboración de descripciones. Esas preguntas que un autor se puede hacer al plantear un texto narrativo, tienen como finalidad el buscar todos los recursos estéticos que estén a su alcance para acercarse más a una realidad determinada en la historia narrativa. En este punto, es importante señalar que tanto la música como el cine entregan a la narrativa técnicas que le permiten describir en profundidad aspectos sensoriales, por ejemplo, que con solo la lectura lineal no podríamos captar.

Para ello, la narrativa toma del cine varios recursos que son relevantes, pero sin duda la cámara es el más usado por los autores.

La técnica de la cámara

El uso de esta técnica se basa en que el autor de una obra narrativa transforma a su narrador en una cámara cinematográfica. Esta técnica no hay que confundirla con el narrador cámara que es un tipo de narrador que se utiliza en la escritura narrativa. Entonces, nos referimos en este caso a cuando el narrador “destila” imágenes dentro de una escena y permite que la narración se acelere, se ralentice o proyecte en orden directo o inverso las descripciones. Así, esta técnica dentro de cualquier obra narrativa se puede usar con diferentes puntos de vista y cualquier focalización. Por ejemplo, la cámara le permite al narrador la posibilidad de un avance rápido o time-lapse, y de retroceso. No nos referimos al racconto o flash back que se utilizan ampliamente en la narrativa. Ese recurso tiene que ver con el tiempo y la linealidad de éste. Cuando nos referimos a un avance rápido es cuando el narrador se acerca a un punto y lo puede hacer lento o rápido o viceversa. 

Un ejemplo clásico es Viaje a la semilla de Alejo Carpentier. El narrador retrocede en la historia: el tiempo va de vuelta a su origen. 

Los muebles crecían. Se hacía más difícil sostener los antebrazos sobre el borde de la mesa del comedor.(…) Las butacas eran más hondas y los sillones de mecedora tenían tendencia a irse para atrás. No había ya que doblar las piernas al recostarse en el fondo de la bañera con anillas de mármol. 

El personaje regresa al nido, al útero y retrocede paulatina y constantemente. El autor en este caso, marca el movimiento regresivo, es decir, fija la cámara narrativa en una imagen o movimiento que “manifiestamente” transcurre en sentido contrario al habitual. No es un recuerdo o una marca que le permita al narrador ir hacia atrás, sino que es una cámara constante que lo lleva, en este caso del cuento de Carpentier, hacia el origen.

Otra novela que es interesante de mencionar es La flecha del tiempo (1991) de Martin Amis que supone un alarde técnico en el que la historia es contada hacia atrás. Tod Friendly, el protagonista, va cada día a buscar provisiones al cubo de basura y luego las reelabora para poder llevarlas a la tienda donde se venden a cambio de dinero que le entregan en la caja. De este modo, el lector va reconstruyendo en orden inverso lo que va sucediendo. El mismo título de la obra supone una expresión que se refiere a la dirección que éste toma y que discurre sin interrupción desde el pasado hasta el futuro pasando por el presente. El fin de la muerte del personaje principal es, a la vez, el nacimiento del narrador, su conciencia interna, que hace un relato lineal de su vida pero con el paso cambiado, marcha atrás.

¿Cuáles son las fechas de la Primera Guerra Mundial?

De acuerdo – dice el paciente, enderezándose en su asiento.

Ahora voy a hacerle unas cuantas preguntas.

No

¿Duerme usted bien? ¿Tiene algún problema digestivo?

Cumpliré 81 en enero.

Y tiene usted… ¿qué edad tiene?

Finalmente, otro de los recursos que se utiliza en la narrativa es el uso de técnicas de iluminación, que permiten restringir el acceso del lector a todo o parte de una escena. En la novela Cosmos de Witold Gombrowicz, el protagonista entra en una habitación a oscuras con una linterna. Ésta —un círculo de luz en la oscuridad— va posándose en una serie de objetos que centran la atención del lector, pero uno detrás del otro. Esta linterna se transforma en los ojos del narrador y solo describe lo que la luz muestra. 

Víctor García Antón en su cuento El apagón abunda en el uso de esta técnica.

Entre la sorpresa y el placer, alguien nota un dedo intrépido colándose en su culo. Se escapa un grito en la oscuridad de la clase. La maestra enciende de improviso la linterna y nos enfoca a la cara. «¡Quién ha gritado!», ha de decir muy cabreada, «¿qué estáis haciendo?». Nosotros nos protegemos de la luz de la linterna que nos ciega. Estamos sofocados. Aterrados. Nos cubrimos la cara con los babis y alguien responde que no hacíamos nada, señorita, nos hemos portado bien, se lo juramos. Pero a la maestra no hay quien la engañe y nos tiene que hacer preguntas. Los buenos de la clase acabamos chivándolo todo, los malos lo niegan, y esa es la parte del juego que más nos excita.

El uso de las técnicas cinematográficas en la narrativa, como la cámara, siguen siendo hasta hoy un recurso predilecto de los narradores y, en ocasiones, necesario pues es una forma que permite acercarse al lector a la realidad narrada de un modo más próximo, es decir, en primer plano. Si el recurso permite ver, oler, tocar y escuchar mejor y que lo narrado resulta verosímil, como decía Hebe Uhart, cuando planteaba que “escribir es partir de algo que tiene que ser verosímil”, el narrador estaría satisfaciendo un deseo primordial de todo lector: participar de la historia.


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